Y EMANCIPACIÓN NACIONAL Y SOCIAL
DE GÉNERO
4-2).- ACUMULACION CAPITALISTA Y OPRESION DE LA MUJER:
El llamado "neoliberalismo" es un conjunto de medidas esenciales del capitalismo para reactivar su acumulación. ¿Qué es la acumulación capitalista? Antes de responder hay que advertir que en este texto no vamos a diferencias entre acumulación, acumulación ampliada, valoración y "autoexpansión del capital" que es la expresión que utiliza el propio Marx. Dicho esto, respondemos que la acumulación es el aumento del valor del capital que se obtiene cuando se han descontado todos los gastos realizados antes y durante el proceso económico y del resto sobrante se dedica una parte a ampliar el capital productivo, el que se puede invertir en más fábricas, en más negocios para que produzcan más plusvalía y más capital, en suma. Del resto anterior, lo que gastan los burgueses en sus vicios, lujos, ostentación o simple vida según el nivel medio de consumo burgués, etc., así como otros gastos improductivos en los que no podemos extendernos, este total de gastos que no vuelven a la producción ampliada, son gastos que se dilapidan más o menos rápidamente, que terminan debilitando a la clase dominante. La acumulación, valoración o "autoexpansión", es la necesidad ciega del capitalismo para seguir creciendo, y de los capitalistas individuales para, además de explotar a las clases trabajadoras, despedazarse entre ellos con tal que arrancare sus mutuas ganancias. Un capitalista que no acumula lo mismo que los demás tiene a desaparecer, y uno que lo haga más rápido que los demás terminará dominándolos. Del mismo mod0, un capitalismo estatal que acumule más que otro, terminará dominando a otros Estados, imponiéndoles sus condiciones y obteniendo sobreganancias por esa ventaja.
La necesidad ciega y objetiva de recuperar el proceso y la velocidad de acumulación es la que exige al capitalismo no sólo recurrir a guerras y atrocidades, sino también derrotar al movimiento obrero mediante ofensivas periódicas que aplican soluciones ya descubiertas por la burguesía industrial británica a comienzos del siglo XVIII, y otras medidas anteriores provenientes del capitalismo mercantil y de la teoría fisiocrática. Es esta característica genético-estructural del modo de producción capitalista la que obliga a reconocer que el neoliberalismo, al igual que la globalización, etc., no es una fase cualitativamente nueva del capitalismo, y menos aún "otro capitalismo", como leemos u oímos con frecuencia, sino la adecuación a las condiciones históricas de finales del siglo XX, del último cuarto del siglo XX en concreto, de las tradicionales medidas de recuperación de los beneficios que ya aplicaba la burguesía con mucha anterioridad.
Cuando decimos "medidas esenciales" estamos diciendo que el capitalismo es un modo de producción que tiene ciertas características de funcionamiento -leyes dialécticas y por tanto contradictorias de funcionamiento- que no podemos exponer aquí, pero que funcionan siempre en y por medio de la lucha de clases, en y por medio de las ofensivas y de las resistencias de las masas oprimidas, en y por medio de la intervención más o menos descarada u oculta del Estado. Desde esta perspectiva, el neoliberalismo ha recuperado no sólo las tesis marginalistas y neoclásicas anteriormente expuestas, sino que incluso ha retrocedido a las tesis ideológicas de la economía clásica, de Smith y de Ricardo, y en algunas cuestiones ha retrocedido aún más, como es en la defensa propagandística y práctica de la prioridad de la esfera de la circulación sobre la esfera de la producción, con lo que recupera a la economía preclásica, a los economistas preindustriales, mercantilistas y fisiócratas.
Volvemos a encontrarnos otra vez con la dialéctica entre lo viejo, lo permanente y lo nuevo. Es decir, el neoliberalismo recupera los auténticamente viejos valores de la economía preclásica, preindustrial y los reactiva en estos momentos, los lanza a la calle para justificar y aplicar una feroz agresión a las condiciones de vida y trabajo de la gente. La ideología mercantilista justifica que la burguesía cometa todas las atrocidades imperialistas porque, se nos dice, en la libertad de mercado está el secreto de la riqueza, y no en la defensa de las economías de los pueblos débiles o carentes de recursos tecnológicos. Al contrario, el mercantilismo exige que se abran las fronteras para que los productos producidos por economías más poderosas se vendan en esos mercados y los arrase: es el destino de los más débiles incapaces de resistir a los más fuertes. A la vez, la insistencia en la prioridad de la circulación, del trasiego de dinero de un banco a otro, de un seguro a otro, de una bolsa a otra, de que todo está permitido con tal de multiplicar el dinero, aunque sea la corrupción, la economía criminal, el blanqueo de dinero, la narcoeconomía, la economía sexual masificada, el tráfico de armas y de productos venenosos y mortales, etc., insistencia que tiene su antecedente en el terrorismo sanguinario de la expansión colonial cono las empresas económico-militares capitalistas, esa prioridad dada a la circulación justifica el cierre de muchas empresas y que los capitales así liberados no vuelvan a abrir otras empresas productoras sino vayan a la especulación, al globo financiero, al juego de la bolsa.
Estos valores preindustriales que en su momento la misma burguesía abandonó porque no aceleraban la acumulación, que es de lo que se trata, son actualmente recuperados por el capitalismo con la moda neoliberal, pero aplicados en un contexto diferente, en el explícitamente defendido por la economía clásica de Smith y de Ricardo. Estos autores, pese a sus aciertos, sin embargo sostenían que era el mercado con su "mano invisible" el que regulada los equilibrios y restablecía el orden de los beneficios capitalistas. Ahora, lo viejo del mercantilismo y de la circulación de la teoría fisiocrática ha sido remodelado para aplicarse a una nueva liberalización de la libertad burguesa de saqueo y explotación, saqueo de la naturaleza y explotación de la humanidad. En el fondo, eso era lo que sin mayores duda morales justificaban y hacían los economistas clásicos, pero con la lucidez teórica de saber que su amado capitalismo tenía unos límites internos que les quitaban el sueño. La actual práctica neo-liberal, es decir, del permanente liberalismo burgués readecuado a las condiciones de la crisis terrible de comienzos de los años setenta y que con altibajos dura hasta ahora, insiste en que "menos Estado" para las clases oprimidas, para las mujeres y para los pueblos ocupados y "más Estado" para las clases dominantes.
¿Qué quiere decir esto? Pues justo lo contrario de lo que dice la propaganda oficial. Ahora la burguesía exige que el Estado abandone los gastos sociales, las ayudas al paro y a la jubilación, las pensiones de viudedad, los gastos en guarderías, transportes, educación, sanidad, etc. Quiere que esos gastos públicos, es decir, arrancados por las luchas de las masas oprimidas a la riqueza priva de la burguesía, y que el Estado debe "devolver" a las masas públicas, estos gastos, deben ser de nuevo privatizados, es decir, devueltos a las ganancias privadas de las clases dominantes. Eso quiere decir menos Estado, o sea que éste no interfiera en el empeoramiento de las condiciones de vida y trabajo de las gentes, y deje las manos libres al capital privado para que multiplique sus beneficios. "más Estado" quiere decir que sí debe aumentar su represión, su brutalidad, sus ataques intimidatorios para que esas masas acogotadas no estallen, no protesten; el Estado debe aumentar su poder violento, debe aumentar las leyes represivas, debe aumentar las campañas de alienación y propaganda, debe ponerse incondicionalmente a las órdenes de del capitalismo. Esto y no otra cosa es lo que pedían los economistas clásicos, y era lo que efectivamente ocurría cuando el estado masacraba huelgas y manifestaciones, prohibía derechos de asociación obrera, cerraba boletines clandestinos, intervenían regulando las condiciones de vida de las masas para facilitar la explotación asalariada, potenciaba los ejércitos para fortalecer el colonialismo, etc.
Aun y todo así, la burguesía europea tuvo miedo desde mediados de l siglo XIX , como hemos visto, y comprendió que debía extender su demanda liberal a todas las facetas de la vida, sobre todo a la práctica más brutal de la economía capitalista entonces existente. Surgió así, como hemos visto antes, la corriente neoclásica y marginalista, que negó la misma importancia histórica del trabajo abstracto humano, que negó la objetividad de la economía en su desarrollo productivo de valor y que dio argumentos ideológicos a la patronal para que masacrara al movimiento obrero. Surgió así o mejor dicho, resurgió así, la figura del empresario implacable, frío en su egoísmo y dispuesto a todo con tal de superar el peligro de un movimiento obrero y de unas mujeres trabajadoras en claro proceso ascendente de autoorganización. Esas prácticas inmisericordes han sido recuperadas desde finales de los setenta y comienzos de los ochenta. No es que hubieran desaparecido, pues durante el keynesianismo muchos Estados capitalistas tenían verdaderas dictaduras militares que reprimían cualquier libertad y derecho, como en Hego Euskal Herria, y como en Ipar Euskal Herria durante los años del gaullismo, que sólo toleraba determinadas formas democráticas, pero no todas. En la situación de crisis de los setenta en adelante, la práctica implacable del empresario, del yuppi exrojo que aceptaba el sistema, del arrepentido y del desertor de la barricada que se convertía en "nuevo filósofo" y después en "postmodeno", esta práctica era la única posible para intentar recuperar y aumentar la tasa de acumulación.
La acumulación, que tiene una dependencia absoluta hacia la ley del valor-trabajo que no podemos exponer aquí, es por ello mismo una fuerza esencialmente antifeminista en el sentido de la liberación de la mujer como la superación de las causas materiales de la opresión, explotación y dominación. Cuando se privatizan los gastos sociales para poner a disposición de la burguesía nuevos negocios que permitan aumentar la acumulación; cuando se privatizan y se lanzan al mercado financiero inmensas masas de capital extraídas de los fondos de pensiones, de las jubilaciones y de los ahorros de la gente, ahorros destinados a asegurar la vejez de las mujeres y en menor medida de los hombres; cuando el capital industrializa y destroza las relaciones cotidianas para mercantilizar hasta los sentimientos, está multiplicando las cadenas explotadoras y opresoras al introducir a la mujer, sobre todo a la joven, en el proceso de explotación sexo-económica de su cuerpo, de su figura, de su fuerza de trabajo, con efectos demoledores sobre su vida y su personalidad.
Cuando en aras de la acumulación se restringen los derechos sindicales y laborales las primeras en pagar las consecuencias son las mujeres trabajadoras, y cuando, como efecto de esa lógica el paro llega a los hombres, son las mujeres en la cárcel domiciliaria las que aguantar la proliferación de frustraciones y caída de la autoestima de los hombres; cuando obedeciendo a la irracional compulsión de "!acumulad, acumulad malditos¡", como denunció Marx, los jóvenes son educados en la ferocidad individualista y en los valores del burgués que tiene el dólar y el pene como unidad de medida de lo humano, entonces son las mujeres las que, al estar al final de la cadena como ya dijo y defendió Aristóteles, padecen sobre ellas los desprecios, insultos, amenazas, golpes y palizas de desconocidos y conocidos, de los vecinos, amigos, familiares, hermanos, novios, maridos y padres, hasta desembocar en el asesinato.
La expresión "la maté porque era mía" es la más tétrica muestra de la acumulación capitalista en sus últimas consecuencias. Una característica de la acumulación es que cumpliendo los irracionales objetivos del capital, se destruyen puestos de trabajo, se cierran empresas y se abandonan zonas industriales, se desinvierte en la esfera de la producción y se hincha al máximo el globo especulativo, se destruye la naturaleza, se envenena al ser humano, en definitiva, se destruye el futuro para hacer que el presente sea propiedad de una minoría. La muerte es puesta a disposición de la propiedad privada, y la riqueza multiplica la pobreza. La destrucción de lo colectivo es una exigencia para la creación de lo privado. En este contexto, todo, absolutamente todo, es puesto a órdenes de la acumulación ampliada. Y los hombres, que frente a las mujeres se creen como los empresarios frente a los obreros, no dudan en aplicar en su vida "privada" lo mismo que el sistema hace en la vida "pública".
Esos hombres, aunque rechacen más o menos el cierre de una empresa, o que se echen al océano o se incineren miles de toneladas de alimentos, mantequilla, leche, fruta... en medio del hambre mundial, esos hombres sin embargo sí ven como normal que ellos mismo apliquen esa lógica destructiva en su casa. Además, esa lógica está reforzada por las relaciones patriarcales anteriores al modo de producción capitalista, supervivientes de otros modos precedentes, de manera que ese hombre, esos hombres, creen que su comportamiento es "natural" porque "siempre ha sido así". A la propiedad privada burguesa se le añade la ideología anterior de la propiedad privada de género de la cultura indoeuropea y en concreto grecorromana y judeo-cristiana, y de la misma forma en que aquellas civilizaciones podían pegar y maltratar hasta la muerte a sus mujeres, y en la medida en que la sociedad burguesa se asienta sobre el maltrato y la violencia de las masas oprimidas, en esa medida y por esa lógica, el hombre aplica el criterio de acumulación a su mujer porque está dispuesto ha tomar cualquier medida para, cuando menos, no ver reducido su capital propio, su mujer.
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